
Con el estío apremiando y las temperaturas escalando a niveles de riesgo extremo, la sombra de los incendios forestales se cierne una vez más sobre el término municipal de Gandia. Una preocupación que, lejos de ser meramente estacional, ha desatado una profunda controversia política, poniendo en tela de juicio la efectividad y el grado de compromiso con la protección de un patrimonio natural vital. La ciudad, con cerca del 45% de su extensión total cubierta por masa forestal, lo que equivale a 2.723 hectáreas de alto valor ecológico y paisajístico, se encuentra en una encrucijada donde la retórica política choca frontalmente con la cruda realidad de la amenaza del fuego. La cuestión no es solo si existe un plan, sino si este plan se ha materializado en acciones tangibles y plenamente operativas, capaces de salvaguardar tanto el entorno natural como las vidas y propiedades de los ciudadanos. La historia reciente de la Comunitat Valenciana, marcada por episodios devastadores, exige una respuesta clara y una ejecución sin fisuras, más allá de las escaramuzas dialécticas entre administraciones. ¿Está Gandia verdaderamente preparada para afrontar el próximo embate de las llamas, o la prevención sigue siendo un concepto más documental que operativo?
Desafío Ignífugo: Las Inquietudes de la Oposición sobre la Ejecución del Plan
La alarma ha sido levantada por la oposición municipal, que ha exigido al gobierno local una rendición de cuentas exhaustiva sobre el estado del Plan de Actuación Municipal frente al Riesgo de Incendios Forestales. Este documento, aprobado en 2021, se ha convertido en el centro de un debate crucial. Los representantes de la oposición han recordado que ya en febrero de 2025 habían solicitado una actualización y, lo que es más importante, la garantía de su ejecución. La principal preocupación no reside en la existencia de un voluminoso documento de 180 páginas, sino en la certeza de que sus directrices se cumplan y se traduzcan en medidas concretas sobre el terreno.
Las zonas de interfaz entre el monte y las viviendas, como Marxuquera, Molló de la Creu, Beniopa o Santa Anna, han sido señaladas como puntos de vulnerabilidad crítica, donde la proximidad entre la masa forestal y las zonas habitadas multiplica el riesgo y el potencial destructivo de cualquier conato. La oposición ha planteado una serie de interrogantes específicos que buscan desvelar el verdadero grado de operatividad de las defensas de la ciudad:
- ¿Se han ejecutado los cortafuegos pendientes, considerando que en 2021 solo el 4,4% de la red prevista de 30,53 kilómetros de áreas cortafuegos estaba completada?
- ¿Se encuentran plenamente operativos todos los puntos de agua destinados a la extinción de incendios?
- ¿Han sido revisados y funcionan correctamente los 29 hidrantes inventariados?
- ¿Continúa activo el dispositivo complementario de vigilancia previsto para cubrir las zonas del término municipal no visibles desde el punto principal de observación?
- ¿Cuándo fue la última vez que se revisó el Plan de Actuación Municipal?
- ¿Cuándo se realizó el último simulacro de emergencia?
- ¿Qué mejoras se han incorporado al Plan desde su aprobación en 2021?
La insistencia en estas cuestiones subraya una filosofía clara: la prevención debe ser la piedra angular de cualquier estrategia contra incendios. No se trata solo de la capacidad de respuesta una vez que las llamas se han desatado, sino de la inversión y el esfuerzo continuado para evitar que el fuego comience o, en su defecto, para mitigar su propagación y virulencia. La falta de transparencia o la percepción de una ejecución deficiente generan una inseguridad latente que puede tener consecuencias devastadoras a largo plazo.
Respuesta Municipal: Inversión Propia Frente a la «Burla» Autonómica
Desde el gobierno local, la regidora de Medio Ambiente, Alícia Izquierdo, ha salido al paso de las críticas con una defensa enérgica, calificando las acusaciones de la oposición de «cinismo absoluto». Su argumento central pivota sobre la asignación de competencias y recursos. Izquierdo ha recordado que la prevención de incendios forestales recae principalmente en la Generalitat Valenciana, cuya aportación económica a Gandia para este año asciende a una cifra que considera irrisoria: 14.000 euros.
«Es de un cinismo absoluto que el Partido Popular venga ahora a pedir explicaciones públicas cuando la realidad los deja en evidencia. Si fuera por ellos, el término municipal de Gandia estaría completamente abandonado.»
Esta cantidad, descrita como una «auténtica burla», ha obligado al Ayuntamiento a asumir con recursos propios la mayor parte de las actuaciones necesarias para garantizar la protección del entorno natural. En este sentido, la responsable municipal ha detallado una inversión de 360.000 euros de dinero municipal destinados específicamente a la prevención de incendios. Una cifra que contrasta drásticamente con la aportación autonómica y que, según el gobierno local, demuestra un compromiso firme y proactivo ante la «dejadez de funciones» de otras administraciones. Gracias a esta inversión, el consistorio afirma haber ejecutado las franjas de protección previstas, mantener activo el Plan Local de Prevención de Incendios y desarrollar trabajos de gestión en barrancos y lechos fluviales «como nunca antes se había hecho en la historia de esta ciudad». La regidora ha reprochado además a la oposición que cuestione unas actuaciones sobre las cuales, según ha puntualizado, ya se ha informado detalladamente en la Comisión I, sugiriendo una falta de atención o una intención meramente política en las reclamaciones. Esta situación pone de manifiesto una vez más la compleja telaraña de responsabilidades y la perenne disputa por la financiación entre los distintos niveles de la administración pública, un escenario que a menudo diluye la rendición de cuentas y afecta directamente la eficacia de servicios esenciales. La capacidad de los municipios para gestionar y financiar sus propios servicios de emergencia es una constante preocupación, evidenciada también en el ámbito regional donde se buscan soluciones para la operatividad de los parques de bomberos que atienden a varios municipios.
La pugna política en Gandia por la prevención de incendios forestales va más allá de un mero intercambio de acusaciones; revela las profundas grietas en el sistema de gestión de riesgos y la asignación de responsabilidades. La insistencia de la oposición en la ejecución efectiva del Plan de Actuación Municipal, con sus cifras concretas sobre cortafuegos y puntos de agua, contrasta con la defensa del gobierno local, que subraya su inversión propia frente a una financiación autonómica calificada de insuficiente. Esta dicotomía plantea una pregunta fundamental: ¿quién asume la responsabilidad última cuando la prevención falla y el fuego devora el territorio? La respuesta no solo reside en la atribución de competencias, sino en la capacidad real de cada administración para materializar sus planes en acciones que protejan a la ciudadanía y el entorno. La falta de una coordinación fluida y de una financiación adecuada, independientemente del nivel administrativo que deba proveerla, se traduce en una vulnerabilidad colectiva que no puede permitirse en un contexto de cambio climático y riesgo creciente. La seguridad de Gandia y de su valioso ecosistema forestal exige una visión a largo plazo, una colaboración interinstitucional inquebrantable y, sobre todo, una ejecución transparente y verificable de cada medida de prevención, para que la retórica no se convierta en ceniza y la prevención en una promesa incumplida. La ciudadanía espera y merece que sus líderes trasciendan las disputas y garanticen que, cuando el calor apriete, la ciudad esté, de verdad, preparada.




