
Un fin de semana en la playa y una mesa frente al Mediterráneo. El plan para un día familiar de celebración no necesitaba mucho más, pero la comida terminó siendo uno de esos descubrimientos gastronómicos que merece la pena guardar para la próxima escapada. El lugar del que se habla es Riomar, un restaurante familiar situado a pie de playa en Oliva, Valencia, junto al pequeño y acogedor Camping Río-Mar. Por fuera mantiene ese aire desenfadado de chiringuito de playa que uno espera de un establecimiento junto al mar, pero cuando empiezan a llegar los platos se entiende que detrás hay bastante más trabajo del que podría sugerir la palabra «chiringuito». La ubicación, a pocos metros de la arena, permite contemplar el mar mientras se degusta una propuesta que desafía las expectativas de lo que debería ser un simple comedor playeros.
La propuesta gastronómica de Riomar se fundamenta en la materia prima de proximidad y en una técnica depurada por años de experiencia. El marisco llega fresco, el atún presume de calidad y los arroces responden a la tradición valenciana con un rigor que no deja lugar a dudas. Pero es la coherencia entre el entorno informal y la seriedad del trabajo culinario lo que distingue este establecimiento. No se trata de disfrazar un chiringuito con pretensiones de restaurante gourmet, sino de elevar la cocina de playa a un nivel que respeta tanto al comensal como al producto.
La cocina de Octavio y Marta: tradición extremeña con raíces valencianas
Detrás de Riomar están Octavio y su hermana Marta. Él se encarga de la cocina y ella está al frente de la sala, continuando una tradición familiar que comenzó con sus padres, también dedicados a la hostelería. «Venimos de una familia dedicada a la hostelería. Nuestros padres tenían un pequeño restaurante y, tras su jubilación, mis hermanas y yo hemos continuado con el oficio», cuenta Octavio. Aunque son extremeños de origen, su historia está estrechamente ligada a la Comunidad Valenciana. Su vida ha transcurrido vinculada a Dénia y esa mezcla de raíces también se deja ver en su cocina, donde conviven la tradición castellana con la influencia mediterránea.
Cuando Octavio llegó a Riomar llevaba a las espaldas una larga trayectoria en el mundo de la gastronomía, y eso se nota en cada plato. «Hemos ido evolucionando la cocina, incorporando lo que he aprendido durante mi formación y mi paso por otros restaurantes, entre ellos alguno con estrella Michelin», explica. Esta formación en establecimientos de alto nivel no se ha traducido en una cocina elitista ni alejada del público, sino en una aplicación práctica de técnicas que mejoran la ejecución sin perder la cercanía. La evolución del restaurante ha sido constante, adaptándose a las exigencias del mercado sin renunciar a la esencia familiar que define el proyecto.
Y esa es precisamente una de las cosas que más llaman la atención cuando uno se sienta a comer allí. Porque Riomar no intenta dejar de ser un chiringuito, ni convertir una comida de playa en una experiencia excesivamente solemne y sibarita. La cocina está trabajada, de eso no hay duda, pero el ambiente continúa siendo familiar. «Nos gusta trasladar esos conocimientos a nuestra propuesta, manteniendo la identidad y el espíritu de un chiringuito: una cocina honesta, con el mejor producto que podemos ofrecer y a precios asequibles», resume Octavio. La expresión «calidad-precio» se ha utilizado tanto que a veces ha perdido el significado. Pero en Riomar vuelve a tenerlo con contundencia, ofreciendo un equilibrio que muchos establecimientos de la zona no logran mantener.
El menú de 25,50 euros: entrantes, arroz y marisco que desafían lo esperado
El menú comienza con varios entrantes para compartir que establecen el tono de la experiencia. La ensaladilla Río-Mar con atún marinado y polvo de almendras es el primer aviso de que la propuesta no se queda en los clásicos de cualquier menú playero. El atún aporta frescura y protagonismo a una receta más que conocida, manteniendo el equilibrio entre sencillez y elaboración que acompaña durante toda la experiencia culinaria. La textura del pescado, el punto de la sal y el toque crujiente de las almendras crean una armonía que anticipa lo que viene.
El tercer entrante son los camarones con huevo, preparados en una especie de revuelto que respeta la identidad del marisco. Los camarones tienen un tamaño que deja a cualquiera impresionado, mostrando una frescura que se nota en el tacto y en el sabor. Y el huevo sirve como acompañamiento sin ocultar el sabor del crustáceo, actuando como vehículo más que como protagonista. En definitiva, buen producto y una elaboración que no necesitaba demasiados adornos, porque la materia prima habla por sí sola.
Y entonces llega el arroz. En Oliva, hablar de una comida valenciana sin prestar atención a los arroces sería casi imposible, y el arroz a banda de Riomar no decepcionó. El sabor era intenso, el grano estaba en su punto y terminó siendo uno de esos platos que hacen que, aunque estés completamente llena, todavía quieras probar una cucharada más. La salsa, el caldo y la cocción perfecta demuestran un conocimiento profundo de la técnica arrocera, esa que solo se adquiere con años de práctica y respeto por la tradición.
Un menú de 25,50 euros que incluye tres entrantes para compartir, un arroz a banda como plato principal y postre o café no es especialmente habitual en una zona de playa. Y menos todavía cuando la impresión después de comer no es la de haber elegido una opción económica, sino la de haber comido realmente bien. «Creemos que disfrutar de una buena cocina y de un servicio cuidado debería estar al alcance de más personas», asegura Octavio, reafirmando un compromiso que va más allá del simple discurso comercial.
Su objetivo pasa también por cuidar el ambiente y la atención. «Quienes vienen nos están confiando parte de su tiempo libre, y queremos que ese rato alrededor de la mesa sea memorable». Este compromiso con el cliente se extiende más allá de los fogones, especialmente en épocas como cuando Oliva se prepara para un Sant Francesc Histórico, donde la oferta gastronómica local cobra especial relevancia para visitantes y residentes que buscan alternativas fuera de los circuitos turísticos masificados. La tormenta que recientemente dejó cortes de caminos en Oliva y obligó a actuar a los equipos municipales de Xeraco fue también un recordatorio de la resiliencia del tejido empresarial local, del que Riomar es un ejemplo claro de supervivencia y crecimiento.
La apuesta por la gastronomía accesible sin renunciar a la excelencia
En definitiva, Riomar representa esa rara avis donde la cocina de autor no necesita vestimenta de lujo para brillar. La mezcla de producto fresco del Mediterráneo, la técnica aprendida en restaurantes con estrella Michelin y el cariño de una familia que lleva la hostelería en las venas crea una experiencia que trasciende la mera alimentación. Es un lugar donde el atún marinado con polvo de almendras y los camarones en su revuelto cuentan una historia de evolución constante, donde el arroz a banda mantiene la tradición valenciana intacta y donde el precio no es un obstáculo para la calidad.
La historia de Octavio y Marta demuestra que es posible mantener los pies en la arena mientras la mente viaja por los fogones de la alta cocina. Su decisión de no abandonar el espíritu de chiringuito, pese a tener la capacidad para ofrecer una experiencia más formal, revela una honestidad profesional cada vez más escasa en el sector. En un mercado donde muchos establecimientos buscan diferenciarse mediante precios inflados y ambientaciones artificiosas, Riomar apuesta por la transparencia, el producto honesto y el trato cercano.
Para quien busque un destino gastronómico auténtico sin perder la cercanía del chiringuito, Riomar en Oliva es, simplemente, una apuesta segura que invita a volver. La próxima escapada a la playa ya tiene destino certificado para quienes valoran la cocina bien hecha, el marisco de verdad y esa sensación de estar en casa incluso cuando se está fuera. Porque a veces, los mejores restaurantes no son los que están más lejos, sino los que están justo frente al mar, con una familia detrás que lleva la pasión por la gastronomía como bandera.




