
En un escenario internacional dominado por la reconfiguración de las cadenas de suministro y por una feroz competencia por captar inversiones extranjeras, la capacidad de los territorios para dejar de funcionar como compartimentos estancos se ha convertido en una variable decisiva. La celebración de la III Cumbre Empresarial Eje Madrid—Comunitat Valenciana, organizada por la Fundación Conexus, no es un encuentro anecdótico. Representa la materialización de un proyecto de cooperación que lleva años construyéndose desde el sector privado y que ahora se enfrenta a su prueba más exigente: pasar de la declaración de intenciones a la integración real de dos economías regionales.
La pregunta que subyace a esta cumbre es sencilla, aunque incómoda: ¿por qué dos de las comunidades autónomas con mayor peso económico de España siguen gestionando sus activos logísticos como si operaran en universos paralelos? La Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana concentran una parte significativa del PIB nacional, pero su conexión física y regulatoria sigue por debajo de lo que su potencial sugiere. En un entorno donde la eficiencia logística determina la supervivencia de las empresas, la falta de coordinación entre el centro peninsular y el arco mediterráneo no es solo un problema de infraestructura; es un déficit de estrategia nacional.
La competitividad de una economía no depende únicamente de la fortaleza de sus empresas o de la calidad de sus infraestructuras. Depende, cada vez más, de su capacidad para conectar territorios, coordinar recursos y construir proyectos compartidos.
Los datos que manejan las organizaciones empresariales de ambos territorios ilustran la profundidad de la interdependencia existente. La Cámara de Comercio de Madrid mantiene una colaboración activa con el Puerto de Valencia, materializada en 2022 mediante el proyecto Valenciaport—Puerto de Madrid. La cifra es elocuente: aproximadamente el 60% de los contenedores que se mueven en la capital española son operados a través del puerto valenciano. Esto no es una relación circunstancial, sino un vínculo estructural que revela hasta qué punto las economías de ambas comunidades ya están entrelazadas, aunque las administraciones no siempre lo reflejen en sus planes de acción.
La interdependencia oculta: contenedores, ferrocarriles y puertos
Madrid aporta al eje su posición como centro empresarial y de distribución, además del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, una puerta de entrada crítica para el tráfico aéreo de mercancías y pasajeros. Valencia, por su parte, dispone de un puerto de referencia con conexión directa a los mercados mediterráneos e internacionales. La suma de estos activos permite articular flujos comerciales entre el centro de la península y el Mediterráneo, pero la verdadera prueba de fuego se encuentra en el transporte de mercancías por ferrocarril.
La conexión ferroviaria Madrid—Valencia concentra alrededor del 30% de las mercancías transportadas por ferrocarril en España, un porcentaje que evidencia la densidad del corredor. Desde 2024, este corredor cuenta además con una autopista ferroviaria entre Madrid y el Puerto de Valencia, un paso hacia una logística más eficiente, intermodal y sostenible. Sin embargo, disponer de buenas infraestructuras no es suficiente si se gestionan como elementos aislados. El salto cualitativo consiste en dejar de ver el aeropuerto, el puerto y la vía férrea como proyectos independientes para empezar a tratarlos como partes de un mismo sistema económico.
De la voluntad empresarial a la coordinación administrativa
El empresariado ya ha avanzado en esa dirección. El Consejo de Cámaras de la Comunitat Valenciana, la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana y las organizaciones empresariales de Madrid comparten una hoja de ruta que incluye la unidad de mercado y la armonización regulatoria. Estos esfuerzos demuestran que es posible construir un entorno más sencillo, predecible y favorable a la actividad empresarial cuando existe voluntad política y técnica. La expansión de actores financieros en la región, como la reciente apertura de oficinas que refuerzan el apuesta por el comercio internacional en el arco mediterráneo, confirma que el sector privado ve en Valencia un nodo clave para su proyección exterior aquí.
No obstante, ahora corresponde a las administraciones acompañar este esfuerzo. Las estrategias logísticas de Madrid y de la Comunidad Valenciana no pueden concebirse como planes paralelos. Requieren coordinación, planificación y, sobre todo, una visión de largo plazo que trascienda los ciclos electorales. Sin una integración administrativa que iguale el ritmo del sector privado, el riesgo es que el eje Madrid—Valencia se quede en una declaración de principios sin capacidad de transformar la realidad productiva de España.
Sostenibilidad, resiliencia y el riesgo climático en el arco mediterráneo
La apuesta por una logística intermodal y sostenible no puede desvincularse de la vulnerabilidad climática que afecta al territorio español. Las infraestructuras que conectan Madrid con el Mediterráneo están expuestas a fenómenos meteorológicos extremos cuya frecuencia e intensidad han puesto en jaque la resiliencia de las cadenas de suministro más información. Planificar el eje logístico sin tener en cuenta este escenario sería ignorar uno de los mayores riesgos a largo plazo para la competitividad de ambas comunidades.
El desafío, por tanto, es doble: por un lado, construir un corredor logístico que reduzca tiempos y costes; por otro, garantizar que dicho corredor sea resistente a los shocks climáticos y económicos del futuro. La cooperación entre Madrid y Valencia no debe entenderse solo como una oportunidad de crecimiento, sino como una necesidad de supervivencia en una economía global cada vez más volátil.
El coste de la inacción: por qué España no puede permitirse dos economías desconectadas
La III Cumbre Empresarial ha dejado claro que el diálogo existe y que la visión compartida es real. Lo que falta es el paso decisivo por parte de las administraciones para convertir esa voluntad en política pública concreta. La Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana tienen los elementos necesarios para convertirse en uno de los grandes ejes económicos y logísticos de España, pero solo si dejan de mirarse de reojo y empiezan a gestionarse como un sistema único. En un mundo donde la conectividad define el poder económico, la inacción tiene un costo que España no puede permitirse pagar.




