
La madrugada del domingo 18 al lunes 19 de octubre se ha convertido en una página oscura de la historia reciente de la Comunitat Valenciana. La DANA Adam, una de las tormentas de bajo nivel más intensas registradas en las últimas décadas, azotó con violencia a las comarcas de la Marina y la Safor, dejando tras de sí un rastro de destrucción sin precedentes. Ríos desbordados, inundaciones masivas, decenas de rescates aéreos y una cifra trágicamente creciente de víctimas fatales han marcado este episodio climático extremo que ha obligado a movilizar a las fuerzas de emergencia, incluyendo unidades procedentes incluso de regiones vecinas como Murcia.
El balance mortal, hasta ahora, asciende a tres fallecidos: dos mujeres y un hombre de aproximadamente 70 años. La primera víctima fue localizada en la playa de la Almardà, cuyo cuerpo fue recuperado del mar durante la noche del domingo. La segunda mujer fue encontrada en Oliva, dentro de su vivienda, aunque aún se investiga si su muerte está directamente relacionada con los efectos de la DANA o si responde a causas naturales. El tercer fallecido, el anciano, fue hallado en un cámping de Oliva, un lugar que, como muchos otros en la zona, resultó rápidamente inundado por la avenida de agua y escombros.
Una lluvia histórica: más de 600 litros por metro cuadrado y ríos rebosando sus márgenes
A primera hora de la mañana del lunes, los acumulados pluviales ya superaban los 600 litros por metro cuadrado en algunas zonas, un dato que sitúa a esta tormenta entre las más intensas de la historia reciente en la región. La intensidad de las precipitaciones provocó el desbordamiento del río Girona y del río Vernissa, dos cursos naturales que, en condiciones normales, atraviesan tranquilos las llanuras de la Marina y la Safor, pero que en cuestión de horas se convirtieron en corrientes arrastradoras de enorme fuerza.
Las consecuencias fueron inmediatas e inevitables. Cientos de personas se vieron atrapadas en los tejados de sus viviendas, especialmente en localidades como Els Poblets, Tavernes, Pego y Miramar. La movilización de medios de emergencia fue masiva, pero insuficiente para atender la magnitud del fenómeno. Según fuentes oficiales, se registraron 1.513 incidencias relacionadas con la DANA: 1.031 en la provincia de Valencia, 468 en Alicante y 14 en Castellón. Cada cifra representa una llamada de auxilio, un hogar inundado, una familia desplazada o un vecino rescatado de la desesperación.
En medio del caos, la Generalitat respondió con rapidez. La Conselleria de Emergencias e Interior emitió la Orden 11/2026, de 19 de octubre, que estableció medidas temporales y excepcionales en ocho comarcas de Alicante y Valencia. Entre las acciones destacadas se encuentra el confinamiento del Litoral Sur de la provincia de Valencia y el Litoral Norte de Alicante, una decisión drástica pero necesaria para contener la propagación del contagio por el virus del miedo y la desinformación que suele acompañar a estos eventos.
Rescate, albergues y el eco de la solidaridad en tiempos de desastre
Mientras los helicópteros sobrevolaban las zonas más afectadas, las autoridades locales y regionales trabajaron sin descanso para atender a los damnificados. En Oliva, se habilitó un pabellón polivalente con capacidad para 150 personas, convirtiéndose en un punto clave para la acogida temporal de quienes no pudieron permanecer en sus casas. Durante la noche del lunes, 48 personas pasaron la noche en los distintos albergues habilitados, un número que seguramente aumentará en las próximas horas a medida que se evalúen los daños y se identifiquen a más afectados.
La respuesta institucional no fue única. La Diputación de Valencia anunció la destitución de 150.000 euros a cada municipio de la Safor afectado por la DANA, un gesto que, aunque simbólico frente a la magnitud de los daños, representa un primer paso hacia la reconstrucción. Paralelamente, el gobierno regional ha reforzado el refuerzo policial en los pueblos más vulnerables, así como el servicio de taxis escolares para garantizar que los niños puedan asistir al colegio pese a los desvíos de tráfico y el cierre de carreteras.
En medio de esta crisis, voces como la de Virginia, una vecina de Oliva atrapada en su domicilio con su padre bajo el agua, han salido a la luz. «Llevamos cuatro horas esperando ayuda», relató en un momento de desesperación, su testimonio convirtiéndose en un grito colectivo de exigencia hacia las instituciones. Su voz, y la de tantos como la silenciosa resistencia de quienes han perdido todo, resuena como un recordatorio de que detrás de cada cifra hay una historia humana que no puede ser reducida a estadísticas.
La DANA Adam no solo ha dejado en su estela destrucción física, sino también un legado de preguntas urgentes: ¿Estamos preparados para enfrentar el aumento de eventos climáticos extremos? ¿Qué medidas reales se están tomando para proteger a los ciudadanos en zonas vulnerables? Mientras las aguas comienzan a receder y las imágenes de rescates y lucha contra el agua se convierten en noticieras, el reto ahora es claro: reconstruir no solo casas, sino también la confianza en un sistema que, en momentos críticos, debe servir como escudo real para quienes lo habitan.




