
El Real Casino de Madrid acoge el próximo 14 de octubre la tercera edición de la Cumbre Empresarial Comunidad de Madrid-Comunitat Valenciana, convocatoria que organiza la Fundación Conexus y que promete redefinir la conversación sobre el modelo productivo español. Bajo la mirada atenta de representantes empresariales, administraciones públicas y expertos en transporte, el encuentro no busca solo un diagnóstico, sino una hoja de ruta que trascienda el corto plazo y ancle a ambos territorios como columna vertebral de la economía nacional.
El eje que une la capital de España con la región mediterránea no es una simple línea geográfica: es el corredor que mueve el 25 % del PIB español, concentra la mayor parte de la actividad exportadora y concentra inversiones que deciden el futuro de sectores clave. En un contexto de competencia internacional feroz, donde puertos europeos y hubs asiáticos pelean por cuota de mercado, la pregunta no es si este eje importa, sino si España está dispuesta a tratarlo como una prioridad de Estado o a seguir gestionándolo con parches administrativos.
Intermodalidad: la necesidad de pensar en red, no en silos
La intermodalidad se presenta en esta cumbre como el eje vertebrador de cualquier estrategia seria de competitividad. No basta con mejorar carreteras o ampliar terminales portuarias de forma aislada; hace falta un diseño integral que conecta el puerto de Valencia, el aeropuerto de Madrid y las redes ferroviarias de mercancías en un sistema sin fricciones. La demora en la implementación del corredor ferroviario mediterráneo, la saturación de ciertas autopistas de peaje y la falta de desarrollo de plataformas logísticas interiores evidencian un retraso que otros países europeos ya han solventado.
El debate sobre la intermodalidad como estrategia de Estado obliga a cuestionar quién financia, quién ejecuta y quién supervisa. Cuando una región como la Comunitat Valencianasupera los 5,5 millones de habitantes y consolida su crecimiento demográfico, la demanda de movimiento de mercancías se dispara. Madrid, por su parte, concentra la toma de decisiones corporativas y financieras que requieren conectividad urgente con el exterior. La suma de ambos territorios crea una presión irresistible sobre las administraciones para abandonar la lógica de competencias fragmentadas y adoptar una visión de red nacional.
Unidad de mercado: el antídoto contra la fragmentación regulatoria
Si la intermodalidad es el esqueleto, la unidad de mercado es el sistema nervioso que permite que el eje funcione con agilidad. La cumbre de Conexus subraya que la atracción de inversión extranjera y la consolidación de proyectos estratégicos dependen de un marco regulatorio predecible, donde las empresas no enfrenten trabas diferenciadas al cruzar de una comunidad autónoma a otra. La unidad de mercado no es un abstracto jurídico: se traduce en tiempos de tramitación, homogeneización de estándares técnicos y coordinación fiscal que faciliten la localización de sedes centrales, plataformas logísticas y zonas industriales avanzadas.
En este sentido, el análisis de despachos como Pérez Llorca, que ha desplegado en Les Corts un proyecto de futuro con 55 medidas orientadas a fortalecer el marco empresarial, ilustra cómo el sector legal y financiero ya anticipa la necesidad de un ecosistema más integrado. La propuesta de revisar seguros ante nuevas etapas de crecimiento, entendida como parte de la gestión del riesgo empresarial, refleja la preocupación del tejido productivo por salvaguardar inversiones en un entorno de incertidumbre global. La Comunitat Valenciana, que según previsiones desafía la incertidumbre mundial con una sólida proyección de crecimiento económico para 2026, necesita precisamente de ese respaldo institucional para no perder momentum.
El puente de cuatro días autorizado por el BOE para octubre en Alicante, Castellón y Valencia, aunque parezca un detalle calendárico, pone de manifiesto la intersección entre vida social, movilidad y logística. Cuando la actividad empresarial se intensifica en estas fechas, la capacidad del eje para absorber picos de demanda sin colapsos se convierte en un termómetro de su madurez operativa.
El largo plazo: competitividad o declive estructural
Mirar más allá de la jornada del 14 de octubre exige asumir que las decisiones tomadas en esta cumbre tendrán eco durante una década. La apuesta por la intermodalidad y la unidad de mercado no es un ejercicio académico: determina si España será un mero transitario de mercancías o un verdadero hub europeo de valor añadido. La ausencia de infraestructuras ferroviarias de alta capacidad, la dependencia excesiva del transporte por carretera y la lentitud en la digitalización de la cadena de suministro son deudas que se acumulan y que solo se pagan con inversiones sostenidas y voluntad política transversal.
El 25 % del PIB que generan Madrid y la Comunitat Valenciana no es un número para exhibir en un discurso, sino una responsabilidad que impone estándares. Si el eje falla, la economía nacional siente el golpe en su capacidad exportadora, en la creación de empleo cualificado y en la retención de talento. La cumbre de Conexus, por tanto, no es solo una foto de familia entre administraciones y empresarios: es el lugar donde se decide si España entiende la logística como una ventaja competitiva o como un problema recurrente.
La Fundación Conexus ha convertido esta cita en un termómetro obligado para medir la temperatura del modelo productivo. Que la tercera edición centre el foco en la intermodalidad y la unidad de mercado revela una lectura clara del tejido empresarial: se acabó el tiempo de las declaraciones genéricas. Ahora se exige planificación, ejecución y resultados medibles. El desafío, como siempre, está en pasar de las palabras a los hechos, y el reloj no se detiene.




