
La crisis silenciosa: cuando el campo invade la ciudad y los campos
La comarca de la Safor enfrenta una de sus peores pesadillas ecológicas y de seguridad pública. La sobrepoblación de jabalíes ha dejado de ser un problema estacional para convertirse en una amenaza constante que paraliza la agricultura, pone en riesgo la seguridad vial y penetra en las zonas urbanas con una frecuencia alarmante. Los campos arrasados, los accidentes de tráfico y la presencia de estos mamíferos en calles y barrios son el reflejo de una situación que se ha agravado drásticamente durante los últimos años, exigiendo una respuesta urgente por parte de las instituciones locales que, de no atajarse, podría terminar de asfixiar la economía rural de la zona.
Jaulas trampa y tecnología puntera: la respuesta militarizada de los municipios
Ante la imposibilidad de controlar la expansión con métodos tradicionales, casi la mitad de los municipios de la comarca han optado por la instalación de jaulas-trampa y sistemas de captura de última generación. En Oliva, la estrategia ha resultado particularmente efectiva, hasta el punto de haber logrado capturar hasta 27 ejemplares en una sola noche. El consistorio olivense aprobó en junio un nuevo contrato con un presupuesto base de licitación de 80.658 euros por dos años, permitiendo instalar ocho nuevas jaulas-trampa modulares de accionamiento remoto, además de tareas de estudio y mantenimiento continuas. Por su parte, Gandia ha intensificado la presión hasta límites históricos, registrando más de 630 jabalíes capturados hasta el pasado mes de agosto, de los cuales 371 lo fueron mediante el sistema de jaulas dentro de su programa de Medio Ambiente, mientras que el convenio municipal con la sociedad de cazadores aporta otras 260 capturas adicionales al año.
En Xeresa, el balance también es positivo, con 36 jabalíes atrapados este año gracias a las jaulas instaladas en el término municipal. La innovación tecnológica se hace presente en Simat de la Valldigna, donde la Diputación de Valencia ha implantado un sistema pionero en la CV-600. Gracias a sensores instalados en los guardarraíles, si un animal cruza la calzada, se activa una señalización inteligente que proyecta la imagen de un jabalí en pantallas luminosas situadas a 150 metros en ambas direcciones, alertando a los conductores en tiempo real solo cuando el peligro es inminente. Municipios como Beniflà, Almoines, Palmera y Beniarjó también se han sumado a esta carrera por la seguridad, siendo este último un ejemplo de éxito a largo plazo, ya que en cuatro años se habrán capturado cerca de 300 ejemplares. La problemática de la seguridad vial en la comarca es tan profunda que, tal y como se ha visto en las recientes quejas de usuarios del Cercanías C1 Gandia-Valencia o la expansión de los radares pedagógicos por la zona, la gestión del territorio requiere una visión integral donde la seguridad de los ciudadanos sea la prioridad absoluta.
Batidas y empresas especializadas: la grieta en la estrategia comarcal
No todos los ayuntamientos confían en las jaulas como solución definitiva. Otros municipios, como l’Alqueria de la Comtessa, Ròtova y Llocnou de Sant Jeroni, apuestan por las batidas en colaboración directa con las sociedades de cazadores. Este método, aunque tradicional, busca reducir la población de forma masiva en zonas de campo abierto donde las trampas resultan menos efectivas. Paralelamente, Daimús, Guardamar de la Safor, Bellreguard y Piles han optado por la externalización del servicio, manteniendo un convenio de colaboración conjunta con una empresa especializada en el control de la fauna. En uno de sus últimos recuentos, estas localidades llegaron a contabilizar cerca de 257 ejemplares, aunque los responsables municipales recalcan que, pese a la eficacia del mecanismo, «hace falta más control» para frenar la tendencia expansiva que no da tregua.
La falta de una estrategia unificada a nivel comarcal sigue siendo el talón de Aquiles de esta crisis. Mientras algunos municipios invierten en tecnología de vanguardia y otros en mano de obra humana, la ausencia de un protocolo coordinado que interconecte los esfuerzos de los ayuntamientos podría prolongar la pesadilla durante varios años más. La proliferación de estos animales no solo daña los cultivos agrícolas, que son el pilar económico de muchas localidades, sino que también altera el equilibrio ecológico de la zona, generando un círculo vicioso difícil de romper sin una intervención estatal y regional contundente que articule recursos y conocimientos.
El futuro en juego: hacia una estrategia comarcal indivisible
El desafío al que se enfrenta la Safor va mucho más allá de la simple eliminación de animales. Se trata de gestionar un territorio donde la expansión urbanística y agrícola ha invadido el hábitat natural de los jabalíes, obligándolos a buscar alimento en los cultivos y las carreteras. El éxito de las jaulas-trampa en municipios como Oliva o Xeresa, y el de las batidas en Ròtova, demuestran que es posible reducir la población de forma temporal, pero la sostenibilidad de estos resultados exige una planificación a largo plazo. Sin una política regional que articule recursos, conocimientos y acciones coordinadas, el problema de la sobrepoblación seguirá creciendo exponencialmente, poniendo en peligro no solo la seguridad vial y agrícola, sino también la propia identidad rural de una comarca que debe decidir cómo convivir con su entorno natural sin perder el control de su presente y futuro.




