Diez Años de una Gesta Inolvidable: El Cartagena 3 — Levante UD 5 que Marcó la Historia Granota

María García Díaz
María García Díaz
Redactora especializada en deporte con enfoque en competición femenina y gestión de equipos locales. Ha cubierto ligas nacionales e internacionales, destacando por su análisis detallado y reportajes sobre historias humanas detrás de los partidos. Su trabajo combina rigor informativo con un estilo cercano que conecta con lectores de todas las edades. Actualmente colabora en Cronica de Oliva desde hace cinco años.
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Diez Años de una Gesta Inolvidable: El Cartagena 3 — Levante UD 5 que Marcó la Historia Granota

La historia del fútbol está repleta de partidos que trascienden el mero resultado, encuentros que se graban a fuego en la memoria colectiva de una afición y que definen el rumbo de una institución. Para el Levante UD, el 22 de mayo de 2010 no fue solo un día de fútbol, sino la fecha de una epopeya que, diez años después, sigue resonando como el punto de inflexión que salvó al club de la quiebra y lo catapultó a la élite del fútbol español. Aquella temporada 2009/10, el conjunto granota no era un equipo cualquiera; era una amalgama de talentos con un pasado común: jugadores descartados por otros clubes, futbolistas hambrientos de reivindicación tras superar graves lesiones, y un grupo humano que, contra todo pronóstico, forjó una familia inquebrantable. Esta unión, más allá de lo meramente deportivo, se convirtió en el cimiento de un éxito inesperado pero vital para la supervivencia y la viabilidad económica de la entidad.

La situación económica del Levante UD era, por aquel entonces, el tema recurrente en el día a día, con muchos que daban al club por desahuciado. En medio de esta incertidumbre financiera, la plantilla se aferraba a la esperanza en el terreno de juego. El 19 de diciembre de 2009, en la primera vuelta de la competición, los granotas ocupaban una discreta decimotercera posición en la tabla de Segunda División, con apenas tres puntos de margen sobre los puestos de descenso. Su rival, el FC Cartagena, dirigido por Juan Ignacio Martínez (JIM), era tercero y aspiraba al ascenso con un proyecto sólido basado en jugadores veteranos de la categoría. Aquel primer enfrentamiento en el Ciutat de València se saldó con una derrota por 1-2 para los valencianos, dejando en el ambiente un deseo generalizado para Navidad: sumar cuanto antes los puntos necesarios para asegurar la permanencia.

La Previa de un Duelo Crucial por el Ascenso

Lejos de una temporada de mera supervivencia, el destino le tenía reservado al Levante UD un final de cuento. La segunda vuelta fue una auténtica exhibición de coraje y fútbol, transformando la lucha por la permanencia en una carrera por el ascenso directo. El partido decisivo no podía ser otro que el que los enfrentaría de nuevo al FC Cartagena, pero esta vez como visitantes, en el estadio Cartagonova. La trigésimo octava jornada de liga se presentaba con la tensión palpable de una final anticipada. A falta de cinco partidos para el cierre de la competición, la clasificación era un polvorín: la Real Sociedad lideraba con 65 puntos, seguida de cerca por el Levante con 62. El FC Cartagena era tercero con 61 puntos, pisándoles los talones. Justo detrás, el Hércules CF sumaba 60 puntos, el Real Betis 58, y el Villarreal B y el Elche CF 57. En aquella temporada, los tres primeros clasificados ascendían directamente a Primera División, sin necesidad de disputar play-offs, lo que añadía una capa extra de dramatismo a cada encuentro. La afición granota, consciente de la magnitud del momento, se movilizó de manera ejemplar, llenando autobuses con un único destino y un objetivo claro: Cartagena, para sellar un ascenso que, tras una segunda vuelta espectacular del equipo, ya no parecía tan increíble.

La atmósfera en el Cartagonova aquel 22 de mayo de 2010 era electrizante. Un calor sofocante se sumaba a un ambientazo en las gradas, donde cientos de aficionados granotas, con sus cánticos y banderas, ocupaban una de las porterías, transformando el estadio en una caldera. La alineación dispuesta por Luis García Plaza para la batalla era la siguiente: Manolo Reina bajo palos; Pau Cendrós, Robusté, Ballesteros y Juanfran en defensa; un centro del campo con Iborra, Juanlu, Miguel Pérez y Miguel Pallardó; y en ataque, Rubén Suárez y Javi Guerra. El encuentro arrancó con un golpe del Levante, cuando Robusté adelantó a los visitantes. Sin embargo, la alegría duró poco. Antes de la media hora de juego, Mariano y Ander habían logrado remontar para el Cartagena, llevando el marcador al descanso con un inquietante 2-1 a favor de los locales. La derrota parcial dejaba al equipo de Luis García Plaza en una situación comprometida, pero el vestuario granota, forjado en la adversidad, aún guardaba sorpresas.

La segunda parte comenzó con un giro que cambiaría el rumbo del partido. Nada más reanudarse el juego, Txiki, jugador del FC Cartagena, fue expulsado tras ver una doble tarjeta amarilla. Con un hombre más en el campo, el Levante UD se encontró ante la gran oportunidad de neutralizar a un rival directo por el ascenso, y no la desaprovechó. En apenas diez minutos, la remontada granota se gestó con la misma velocidad que su ambición. Rubén Suárez y un nuevamente decisivo Robusté voltearon el marcador, poniendo el 2-3 en el electrónico. El ambiente en el estadio se tornó aún más caliente, con la grada cartagenera encendida, viendo cómo sus opciones de ascenso se desvanecían. Fue entonces cuando apareció la figura de Javi Guerra, quien con dos goles fulminantes, sentenció el encuentro, elevando el marcador a un contundente 2-5. Aunque un gol posterior de Etxeita redujo la distancia a 3-5 y Juanfran fue expulsado, el Levante siguió jugando con once, diez hombres en el campo y uno más: la afición que no paraba de animar con sus cánticos, un verdadero «Corazón Palpitante» en la grada que reflejaba la importancia del sentimiento de pertenencia, como se ha visto en otras comunidades.

El Eco de una Noche Histórica y su Repercusión

Miguel Pallardó, el mediocentro de Alaquàs, fue uno de los pilares de aquel equipo, disputando 35 partidos en liga y siendo titular en aquella noche mágica del Cartagonova. Su testimonio subraya la trascendencia de aquel choque: «El partido de Cartagena fue clave en el ascenso, toda la gente se movilizó, amigos míos fueron allí en autobús y me dijeron que como ese partido no habían vivido nada igual, como ese nunca». Sus palabras resuenan con la emoción de aquel momento, y añade: «Fue algo muy bonito, empezamos por delante, nos remontan, remontamos nosotros y toda la gente que había del Levante allí celebrando con nosotros al final la victoria, a partir de ahí el equipo fue para arriba y de ese partido al ascenso». La alegría desatada en el campo y en la grada fue el preludio de lo que estaba por venir. Esa victoria no solo significó tres puntos cruciales, sino que insufló una confianza inquebrantable en el equipo, que se lanzó imparable hacia su objetivo. Aquella tarde en el Cartagonova, aunque el ascenso no se celebró matemáticamente, el levantinismo sintió, en lo más profundo de su ser, que el regreso a la máxima categoría era ya una realidad inminente.

«El partido de Cartagena fue clave en el ascenso, toda la gente se movilizó, amigos míos fueron allí en autobús y me dijeron que como ese partido no habían vivido nada igual, como ese nunca.»

— Miguel Pallardó

El impacto de aquel Cartagena 3 — Levante UD 5 fue inmediato y duradero. La victoria no solo eliminó a un rival directo de la contienda por el ascenso, sino que consolidó al Levante en la segunda posición, reforzando su moral y confirmando la excelente dinámica de la segunda vuelta. El equipo, liderado por Luis García Plaza, demostró una capacidad de superación asombrosa, dejando atrás las penurias económicas y las dudas iniciales para abrazar un sueño que se antojaba imposible meses atrás. La cohesión del vestuario, esa «familia» de jugadores con ganas de reivindicarse, fue la clave de un éxito que se gestó partido a partido, pero que encontró su momento cumbre en aquella épica remontada. Este partido, con su intensidad, sus giros inesperados y la pasión desbordada de su afición, se convirtió en un símbolo de la resiliencia granota, un ejemplo de cómo un equipo puede reescribir su destino contra todas las probabilidades, algo fundamental en el camino hacia el éxito, tal como se ha observado en las claves del ascenso del CD Vall d’Alba.

La gesta del Cartagonova no solo aseguró el ascenso a Primera División, sino que garantizó la viabilidad económica del Levante UD, un club que se encontraba al borde de la desaparición. El regreso a la élite trajo consigo estabilidad financiera, un aumento significativo de ingresos y la oportunidad de construir un futuro más sólido. Los nombres de Pallardó, Rubén Suárez, Javi Guerra y Héctor Rodas, entre otros, quedaron para siempre asociados a aquella temporada memorable, a un equipo que demostró que la ambición, la unión y la fe pueden mover montañas. Diez años después, el recuerdo de aquel 3-5 sigue siendo un faro de esperanza y un testimonio de que, incluso en los momentos más oscuros, la pasión por el fútbol puede forjar leyendas y cambiar el curso de la historia.

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